México vive una fiesta como muy pocas veces. El Tri gana, la gente sale a las calles y el país se paraliza. Pero la celebración dejó algo más que euforia: cuatro muertos, agresiones y una pregunta incómoda, ¿estamos listos para seguir ganando dentro y fuera de la cancha?
La selección mexicana, dirigida por Javier “El Vasco” Aguirre, está haciendo uno de los mejores papeles de su historia mundialista. El deseo de todos es que el domingo, frente a Inglaterra, mantenga ese nivel que emociona y desata pasiones. Pero ya hay señales de alerta que no podemos ignorar.
La celebración del martes pasado dejó un saldo trágico: cuatro personas muertas en la Ciudad de México. Tres por asfixia, aplastadas por la aglomeración en las inmediaciones del Ángel de la Independencia; una más por paro cardiorrespiratorio.
Según Clara Brugada, fue la concentración más grande en la historia de la capital: un millón 400 mil personas en el centro y sus alrededores.
Había razones para festejar, sí. Pero también hubo algo que no puede dejarse pasar. Antes del partido contra Ecuador, se construyó una narrativa de rivalidad que rebasó lo deportivo.
Las malas relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Daniel Noboa pusieron el contexto; comentaristas e influencers de ambos países hicieron el resto.
La polarización llegó a niveles vergonzosos. Aficionados mexicanos se apostaron frente al hotel donde dormía la selección ecuatoriana para no dejarlos descansar la víspera del partido -exactamente lo que siempre criticamos de las barras centroamericanas cuando visitamos sus países-.
Hubo agresiones contra periodistas y aficionados ecuatorianos. Y los abucheos durante el himno de Ecuador en el Azteca fueron un episodio del que no hay forma de defenderse.
Esas actitudes no nos representan. Como escribió Juan Rulfo, en México el forastero siempre es bien recibido con una mezcla de respeto, misterio y algo de suspicacia, pero nunca con hostilidad, beligerancia o ganas de pelea.
Esa es nuestra esencia. Nunca habíamos dejado que la polarización saliera del estadio. La euforia, el alcohol y la adrenalina pueden embriagar la alegría, pero no pueden gobernarnos.
Todos queremos que México gane frente a Inglaterra. ¿Y si sí? Celebremos con gusto y con pasión. Pero celebremos con el nombre del país en alto, sin dañar al rival o al vecino de festejo. Y lo más importante, sin empañar lo que el Tri está logrando dentro de la cancha.
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EL ASPIRANTE a la coordinación estatal de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación en Querétaro, Santiago Nieto Castillo, se apuntó otro gol con la detención de Gilda Lozoya, hermana de Emilio Lozoya.
Recordemos que durante su gestión como titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), Nieto comenzó a investigar al entonces exdirector de Petróleos Mexicanos, por presuntos sobornos de la empresa brasileña Odebrecht para la campaña presidencial de 2012.
Ya en la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), consiguió las órdenes de aprehensión del caso, por lo que, en todo este entramado, Nieto fue una pieza clave.
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QUIENES CONOCEN del tema, anticipan que pronto podría haber noticias sobre el ex gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, quien enfrenta órdenes de aprehensión y es buscado por las autoridades.
Se le acusa por los delitos de peculado, asociación delictuosa, desvío de recursos públicos por más de tres mil 400 millones de pesos y, recientemente, se le ha vinculado con investigaciones por homicidio.
Uno de sus ex funcionarios, vinculado también con el caso, está por convertirse en testigo colaborador de la Fiscalía General de la República que encabeza Ernestina Godoy, y de las autoridades michoacanas, para hablar de la ingeniería financiera que le permitió al ex mandatario “desviar” recursos que podrían llegar hasta los 6 mil millones de pesos.
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Y como dice el filósosofo… Nomeacuerdo: “México le ganó a Ecuador. Pero esa noche, Ecuador se portó mejor que nosotros”.




