Genuinamente, no entiendo por qué a los restauranteros les indigna tanto que los y las personas extranjeras tengan actitudes soberbias y discriminatorias con los empleados y comesales, si ellos mismos han fomentado y alimentado, a través de los precios, el servicio, la estética y los privilegios, que los turistas asuman autoridad turística cada vez que vistan tierras mexicanas.
Y esto lo digo por el video que recientemente se hizo viral en redes sociales. El lugar, la taquería Orinoco, de origen en Monterrey, ubicada en la colonia Condesa de Ciudad de México, donde una extranjera comenzó a agredir verbalmente a los empleados.
LadyGringa, apodada así por los internautas, llegó persiguiendo a su chofer de aplicación, luego ordenó al personal que le resolvieran la vida pidiéndole un Uber.
Cuando un cliente le sugirió educación, la respuesta fue el repertorio de superioridad moral y económica (la misma que el restaurante fomenta), tachando a los empleados de “perdedores” y mofándose a gritos de si apenas ganaban 500 miserables dólares al año.
La situación escaló a golpes contra empleadas y contra el propio cliente, que intentó calmarla, a quien además le tiró la comida al suelo. Tras forcejear en la banqueta, reingresó a la fuerza y terminó en el piso del establecimiento hasta que intervinieron policías de la zona.
De todo eso, el debate fue el de siempre, es decir, “la gentrificación llegó muy lejos”, pero porque nadie voltea los lados y acepta que la misma superioridad moral que los extranjeros tienen en nuestro país es por los mismos restauranteros.
Taquería Orinoco da un trato preferencial a los turistas, a las personas de piel clara, desde que te asignan una mesa hasta el picor de la salsa. Y no lo digo solo yo, lo dicen también los vecinos de esa y otras alcaldías, hasta visitantes de la periferia que van a Ciudad de México por la “experiencia” y terminan con un “está rico, pero no es para tanto”.
La gentrificación, pero principalmente el aspiracionismo de los restauranteros y su necesidad de priorizar al consumidor no residente porque las ganancias que dejan son más elevadas, han hecho que los y las mexicanas seamos la última pieza del engranaje del sector restaurantero.
A la fecha, las únicas quejas han sido de los y las mexicanas que demandan y exigen respeto a los trabajadores de ese y otros comercios, pues ni los mismos dueños de la taquería han emitido una postura. Sin embargo, genuinamente no creo que lo hagan, porque, como comencé escribiendo, nosotros y ellos no somos su prioridad.
Pero bueno, yo podría decir que, en cualquier momento laboral, gastronómico y social, los mexicanos deberían proteger a los mismos mexicanos, pero no lo voy a decir porque eso sería pedir que taquería Orinoco me atienda a mí de forma igualitaria como a Harry Styles, Dua Lipa, Rosalía y Neymar Jr., y pues eso no va a pasar porque yo no pago en dólares.





