Hay una pregunta que ningún político responde con honestidad antes de una elección: ¿con quién me junto y para qué? La respuesta siempre llega después, cuando los acuerdos están hechos y los principios quedaron en el camino. Lo que viene en 2027 no pinta diferente.
Las alianzas electorales en México nacieron con una causa: romper la hegemonía del PRI. El Frente Democrático Nacional de 1988 y la Alianza por el Cambio de 2000 no se juntaron por afinidad ideológica, sino por algo más urgente: cambiar el régimen. Tenían sentido. Tenían un propósito.
Lo que vino después fue otra cosa. Lograda la alternancia, la ambición desplazó a los principios. Vimos al PAN y al PRD gobernar juntos estados enteros.
Luego, al lopezobradorismo aliarse con la ultraconservadora derecha evangélica en 2018.
Y finalmente, en 2024, la consolidación de dos grandes bloques que ya no ocultaban su naturaleza transaccional: coaliciones para ganar, no para gobernar. El PRD lo pagó con su registro.
Rumbo a 2027, el mapa se reconfigura, pero la lógica es la misma. En la oposición hay más esbozos que definiciones.
El PAN de Jorge Romero juró que con el PRI de Alejandro Moreno no volvería a coincidir tras la mala experiencia de 2024.
Sin embargo, a nivel estatal ya hay señales de acuerdos de facto en Nuevo León, Sinaloa y Michoacán.
En Campeche, la alianza sería entre el PAN y Movimiento Ciudadano, a contracorriente del líder moral naranja, Dante Delgado.
El caso más interesante es Michoacán, donde los partidos opositores podrían nombrar candidatos de relleno y hacer un pacto para impulsar a la independiente Grecia Quiroz, esposa del fallecido Carlos Manzo. Esa sí sería una apuesta capaz de meter en aprietos a la 4T.
Del lado oficialista, Morena, que comanda Ariadna Montiel, y Citlalli Hernández, como presidenta de la Comisión de Elecciones, junto con el PT y PVEM ya confirmaron que irán juntos en 16 entidades. Sólo en San Luis Potosí los verdes jugarán solos.
Las alcaldías y diputaciones federales se repartirán con base en competitividad, paridad y acuerdos internos.
Por otro lado, el PAN prometió abrir sus listas a candidatos ciudadanos. Pero los primeros lugares ya parecen reservados para los panistas de siempre. Falta ver si esta vez cumplen su palabra de abrir la política a Juan Pueblo.
En Morena, el mapa de alianzas ya está resuelto sobre el papel. Lo que no tiene resuelto es el desorden de adentro: aspirantes que sobran, gobernadores que empujan a sus allegados y militantes que advierten que no habrá plan B.
En el partido guinda, la mayor amenaza para 2027 no viene de la oposición: viene de sus propias filas.
Al final, México lleva décadas eligiendo entre alianzas que prometen cambiar y entregan continuidad. 2027 no parece la excepción. La forma cambió. El fondo, no.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “En la política mexicana, el enemigo de hoy es el aliado de mañana… y el problema de pasado mañana”.





