México es reconocido a nivel mundial por la calidad de sus actores de voz. Miles de familias dependen de esta industria, que no sólo es entretenimiento, también es trabajo especializado
Por años, la industria del doblaje en México ha advertido sobre el riesgo de la clonación de voces. Hoy, ese temor ya no es hipotético. La reciente controversia en torno al video del Instituto Nacional Electoral (INE), donde se utilizó una voz generada por inteligencia artificial muy similar a la del fallecido actor Pepe Lavat, pone en la mesa un problema urgente: ¿quién protege la voz como derecho?
Marco Treviño, exsecretario general de la Asociación Nacional de Actores, lo explicó esta semana lo siguiente: “Es evidente que es su voz, sin embargo, el INE dice: ‘pues yo la saqué de inteligencia artificial y está sintetizada, no es su voz’”. Treviño planteó la necesidad de crear un registro de voces como dato biométrico, al igual que ocurre con huellas dactilares o iris ocular. “La voz es patrimonio, sobre todo de quienes viven de ella. Se debe regular ya”, subrayó.
El INE, por su parte, se ha deslindado de cualquier intento de plagio o uso indebido. Guadalupe Taddei, consejera presidenta, aclaró que se trató de un proceso creativo que no vulnera la ley actual. “No se menciona el nombre de ningún personaje, no se hace referencia directa a una marca o voz registrada. Usamos una herramienta de inteligencia artificial como muchas otras dependencias lo hacen”, afirmó.
El punto es justamente ese: la ley no prohíbe lo que aún no está regulado. Las herramientas tecnológicas avanzan más rápido que los marcos jurídicos, y mientras eso ocurre, se abren vacíos éticos que afectan a sectores enteros, como el del doblaje y la locución.
México es reconocido a nivel mundial por la calidad de sus actores de voz. Miles de familias dependen de esta industria, que no sólo es entretenimiento, también es trabajo especializado. El riesgo de ser reemplazados por inteligencia artificial o imitaciones sin control ni consentimiento no es un tema menor, es impresionantemente importante.
Este caso con el INE debería ser el detonante para que el Congreso avance en una reforma que proteja la voz como dato biométrico sensible. La creatividad institucional no puede estar peleada con el respeto a los derechos de quienes han construido un patrimonio sonoro en nuestro país.
Legislar no es frenar la innovación, es darle rumbo y límites éticos.





