Que el director de cine Guillermo del Toro tuviera que aprovechar un foro cultural para hablar del agua sucia en Guadalajara retrata entero el conflicto en Jalisco, resumido a: todos reconocen el problema, menos los culpables.
Mientras miles de familias reciben en sus casas un líquido amarillento y con mal olor desde hace años, MC y el PRI han respondido con lentitud, excusas e incluso con represión policial.
La crisis que atraviesa la Zona Metropolitana de Guadalajara no es un invento ni un problema menor, puesto que 60.2% del agua que consume la ciudad proviene del lago de Chapala y se mueve por un canal a cielo abierto hacia la presa Las Pintas.
Por ese trayecto, el agua recibe descargas irregulares de aguas negras, donde, al llegar a la planta potabilizadora de Miravalle, una instalación que opera con tecnología de 1956, el sistema es incapaz de limpiar un líquido contaminado con metales pesados y bacterias coliformes.
Para frenar esta situación, el gobierno de Pablo Lemus cerró las compuertas de ese sistema y recortó de golpe 20% del suministro de la ciudad.
La consecuencia directa es un esquema de tandeos de dos a tres días sin servicio a la semana, medida que afecta a 45% de la población metropolitana por al menos seis meses.
Resolver el deterioro de fondo requeriría más de 25 mil millones de pesos y un plan a 18 años, según estimaciones del propio SIAPA.
Ante el desabasto y los riesgos a la salud, la ciudadanía salió a las calles, teniendo como respuesta chorros de agua y gas pimienta por parte de la policía, dejando un saldo de 58 heridos y 39 detenidos.
Por eso cobra importancia lo ocurrido con Del Toro, ya que en lugar de que el gobernador o la oposición mostraran un liderazgo transparente desde el primer momento, tuvo que ser una figura pública quien recordara que el agua potable es un derecho humano elemental y una urgencia social.
Cuando la cultura y la sociedad civil tienen que asumir la vocería de una exigencia básica porque la autoridad responde con gases o evasivas, queda claro que la política local ha fallado en sus prioridades más elementales.





