En pocos días quedó claro que ningún partido llega completo a la ruta electoral 2027. Pero es Morena, en el poder, el que más tiene que perder si no resuelve pronto sus divisiones internas
Cierra la primera semana del proceso electoral 2027 con movimientos telúricos en prácticamente todos los partidos. Nadie salió ileso.
Morena, de Ariadna Montiel, y sus aliados del PT y del PVEM, terminaron descalabrados y con ánimos heridos tras la designación de sus primeros “defensores de la transformación” en 10 estados.
El PAN quedó mal parado por partida doble: la ausencia de su dirigente, Jorge Romero, en el arranque formal de la Ruta 2027, y la disyuntiva de ir o no en alianza, sobre todo con el PRI, cuya experiencia más reciente le hizo perder más votos de los que esperaba.
El PRI, de Alejandro Moreno, tampoco se queda atrás. Entró al proceso con la imagen de un partido beligerante, cuya agenda parece destinada más a cuidar la reputación y los antecedentes penales de Alito que el futuro del tricolor que ha perdido 88% de su militancia desde 2018.
Movimiento Ciudadano arrastra su propio enredo: en los hechos, tiene dos dirigentes. Dante Delgado funge como presidente del Consejo, mientras que Jorge Álvarez Máynez, actúa como director general. Funcionaría en una empresa; en política, genera choques, porque Máynez intenta cerrar acuerdos que Dante todavía no palomea.
Dos casos ilustran el problema: Dante empuja a Luis Donaldo Colosio para Sonora, y el equipo de Jorge no lo traga. Pero tampoco pueden moverse mucho. Antes tienen que ordenar el desorden de Samuel García en Nuevo León.
Aunque hay que decirlo con todas sus letras: el mayor problema lo tiene Morena. Gobernadores, líderes locales y nacionales, funcionarios y hasta Palacio Nacional traen sus propios grupos y apuestas, así que cada candidatura se convierte en una batalla campal.
En las 10 coordinaciones ya definidas, hay conciencia de que hubo concesiones: Pablo Gutiérrez, en Campeche, impuesto por Layda Sansores; Verónica Díaz, en Zacatecas, impulsada por los Monreal y Montiel; y Beatriz Mojica, en Guerrero, con el empuje de Félix Salgado.
Ahora, el desafío para Morena es una operación cicatriz. Aunque las encuestas les favorecen y la oposición luce débil, el menor resquicio dejará espacio para que el ciudadano vote por otra alternativa.
Y es que, quiérase o no, la lección de esta semana es sencilla: todos los partidos llegaron a la ruta 2027 con sus propios sismos internos. La diferencia es que unos apenas están temblando, y Morena, con el poder y el tamaño que tiene, corre el riesgo de que su propio terremoto sea el que abra la grieta más grande.
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EL ZACATECANO GUILLERMO DÍAZ rindió protesta este jueves como representante de Morena ante el Consejo General del INE.
¿Qué hay de extraño en eso? En apariencia, nada. Sin embargo, su llegada a la “herradura de la democracia” ocurre dos días después de que su hermana, Verónica Díaz, fue designada como precandidata de Morena en Zacatecas.
Los Monreal (Ricardo y David, sobre todo) tienen mala fama, y cargan con toda la mala publicidad por la imposición de Verónica. Motivos hay de sobra; sin embargo, la fiel de la balanza, por encima incluso de las preferencias de Palacio Nacional, fue Ariadna Montiel.
La senadora Díaz fue delegada del Bienestar en Zacatecas, convirtiéndose en persona muy cercana al equipo de Montiel, igual que su hermano Guillermo, quien en los últimos meses fungió como secretario técnico de la dirigente morenista.
Hoy, los hermanos Díaz ganaron dos posiciones clave en el morenismo: Verónica fue nombrada defensora de la transformación, mientras que su hermano rindió protesta por su nuevo cargo
en el INE.
Mientras tanto, integrantes de Morena, PT y PVEM preparan una revuelta por su desacuerdo con la decisión de la cúpula morenista y los Monreal en Zacatecas.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Las alianzas se rompen por fuera, pero los partidos se derrumban por dentro”.





