- Seattle venció 29-13 a New England con una defensa dominante
- Kenneth Walker III fue MVP; Jason Myers acertó cinco goles de campo
- El medio tiempo de Bad Bunny marcó una final con impacto deportivo y cultural
Un campeonato definido desde la defensa
Los Seattle Seahawks se proclamaron campeones del Super Bowl LX tras imponerse 29-13 a los New England Patriots en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California. El título se construyó a partir de una actuación defensiva contundente que anuló durante gran parte del encuentro al ataque de Nueva Inglaterra.
Bajo el mando del entrenador Mike Macdonald, la defensiva de Seattle ejerció presión constante sobre el mariscal Drake Maye, forzó pérdidas de balón y mantuvo el control del ritmo del partido desde el primer cuarto.
Ofensiva sin errores y puntos constantes
En el costado ofensivo, Sam Darnold administró el juego con precisión y evitó entregas de balón, lo que permitió a Seattle capitalizar cada oportunidad. El pateador Jason Myers fue clave al convertir cinco goles de campo, asegurando una ventaja sostenida en el marcador.
El corredor Kenneth Walker III encabezó el ataque terrestre con 137 yardas y fue elegido Jugador Más Valioso (MVP) del partido, convirtiéndose en el primer corredor en recibir esta distinción en el Super Bowl desde 1998.
Patriots, sin margen de reacción
Los Patriots lograron descontar en el último cuarto, pero la diferencia ya era considerable. Un intento fallido de conversión y nuevas pérdidas de balón frenaron cualquier posibilidad de remontada, confirmando la superioridad de Seattle en ambos lados del campo.
Una final con impacto más allá del emparrillado
El Super Bowl LX también destacó por su contexto social y cultural. El espectáculo de medio tiempo estuvo encabezado por Bad Bunny, quien ofreció un show en español con un mensaje de unidad continental que generó una amplia conversación pública.
La presentación fue celebrada por una parte del público y criticada por sectores conservadores, incluido el presidente estadounidense Donald Trump, lo que añadió un componente político a una final que ya había captado la atención mundial.






