A pesar de los conflictos internos, el gobierno de México intensifica su política exterior. La agenda incluye: revisión del T-MEC, la tensa relación con Trump y la organización de eventos de soft power como el Mundial de futbol y la visita del Papa León XIV
El reloj corre y la agenda de la presidenta Claudia Sheinbaum en política exterior se vislumbra más cargada que nunca.
En el umbral de 2026, México se posiciona en el tablero global con movimientos estratégicos que definirán su futuro comercial y diplomático.
Aun con los persistentes conflictos internos que reclaman la atención nacional, el foco se desplaza a compromisos cruciales que cobrarán una relevancia inusitada en la agenda pública y todos los integrantes del gabinete deberán jugar un papel muy activo, aunque la dirección de la orquesta recaerá en la batuta del canciller Juan Ramón de la Fuente.
La prioridad es clara: la revisión del Tratado con EU y Canadá (T-MEC). Este es el eje comercial que cimienta la economía y su renegociación con Donald Trump es una gestión delicada que ha exigido “muchas horas de trabajo y desvelo” a nuestra presidenta.
Paralelamente, la relación bilateral se tensa en temas de seguridad y combate al narcotráfico. Y en este punto, hay una revelación importante: altos funcionarios mexicanos aseguran que estos temas, aunque vitales, no son una condición para que EU ceda en el T-MEC.
Todo corre en paralelo. Y desmitificar esta conexión es crucial para la narrativa de la 4T. Por esa razón, desde el gobierno aseguran que la cooperación bilateral “está mejor que nunca”.
Sin embargo, eso no da pie a la idea de que EU envíe tropas a territorio azteca para enfrentar a cárteles del narcotráfico. Existe un respeto irrestricto a la soberanía nacional.
En ese contexto, la Cancillería ya solicitó a Washington que transparentara el supuesto retiro de visas a políticos mexicanos vinculados a Morena. La respuesta, caso por caso, es interpretada en Palacio Nacional como una señal de que el rumor sobre una “lista negra” es más producto de una narrativa opositora.
Y aquí es donde la política doméstica y la exterior se cruzan. La administración de Sheinbaum está convencida de que figuras de la oposición, como Alejandro Moreno, del PRI, utilizan sus viajes y contactos con políticos estadounidenses, que tienen cierta animadversión contra la 4T, para intentar influir en la política nacional sembrando intriga, insidia, temores infundados y mucha polarización.
Es un juego de espejos donde la derecha mexicana, dicen en el gobierno, se alía con la oposición gringa. Pero no todo es hard power y conflicto. La agenda se equilibra con el denominado soft power: el Mundial de futbol 2026 y la visita del papa León XIV.
Son esos temas que proyectarán a México de manera positiva al mundo, brindando a la presidenta Sheinbaum la oportunidad de imprimir, ahora sí, un gobierno con sello propio y desmarcarse de la herencia de “Ya sabes quién”.
La coyuntura es inmejorable para un liderazgo que debe demostrar altura —aunque a veces los diputados y senadores morenistas no ayudan mucho que digamos—, para generar un debate político de calidad.
En los próximos meses, la agenda internacional será el campo de batalla y la vitrina del nuevo gobierno.
***
EN UN CONTEXTO donde cualquier contratación pública despierta suspicacias, el INE, encabezado por Guadalupe Taddei, se guardó un as bajo la manga: todas las credenciales que se fabriquen para el periodo 2026-2031 deberán superar pruebas científicas realizadas por el Instituto de Investigaciones en Materiales de la UNAM.
Serán 14 pruebas bajo estándares ISO/IEC y ANSI que miden resistencia, durabilidad, estabilidad a químicos, opacidad, calidad fotográfica y microtexto. Con una sola falla, el proveedor queda descalificado.
***
Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Para que un gobierno tenga sello propio, debe primero desatar los nudos de la herencia y enfrentar los desafíos del presente”.





