En Morena circula una creencia peligrosa: que repetir en el cargo es cosa de simple trámite para quien ya trae la camiseta puesta. La realidad, sin embargo, apunta a otro lado
Entre 130 y 150 diputados federales de Morena ya anunciaron que buscarán la reelección en 2027 para no bajarse de su curul en San Lázaro. Pero ir a las urnas no será automático: ninguno tiene asegurado el lugar.
Primero tendrán que pasar los nuevos filtros que les impuso su propio partido -evaluación de productividad legislativa y una revisión minuciosa de antecedentes penales- y luego someterse a las tradicionales encuestas morenistas.
De la combinación de ambos ejercicios dependerá si continúan en el recinto. Y, a diferencia de otros procesos, la dirigencia de Ariadna Montiel prometió ser rigurosa. Veremos.
Pero ese no es el único examen que enfrentarán. La verdadera batalla se dará en la elección de los 200 candidatos a diputados de representación proporcional, a cargo de Citlalli Hernández, antes de que deje la presidencia de la Comisión de Elecciones para ir por la alcaldía Cuauhtémoc.
Si la elección de los coordinadores de la transformación en los 17 estados con gubernatura en juego fue una batalla campal, este proceso promete ser igual o peor.
Para 2027 las reglas cambiaron, y la cúpula tendrá que lidiar con la matemática, la paridad de género y, sobre todo, con intereses de caciques, corrientes, tribus, gobernadores, funcionarios y, por supuesto, Palacio Nacional.
A diferencia de comicios anteriores, ya no podrán designar listas cerradas: los pluris tendrán que hacer campaña real, en un esquema mixto de mérito propio y voto directo. Toda una novedad para un partido acostumbrado a repartir diputaciones como quien reparte boletos de rifa.
De las 200 posiciones, 97 irán a los candidatos de mayoría relativa que no ganaron su distrito, pero sacaron los mejores porcentajes para su partido -los llamados “mejores perdedores”, un término que suena a consuelo, pero que en los hechos equivale a una diputación-.
Otras 95 se elegirán por voto directo en boleta, mediante listas regionales de las cinco circunscripciones, con paridad de género obligatoria. Las ocho restantes quedan garantizadas para mexicanos residentes en el extranjero.
La ley también exige que el partido registre listas en las cinco circunscripciones, alcance al menos 3% de la votación válida para las listas regionales, y acredite candidatos de mayoría relativa en por lo menos 200 distritos uninominales.
Hay quienes en Morena dicen que tienen candidatos de sobra para cada cargo. El problema no es cubrir espacios, sino decidir a quién se los dan, porque entre tanto escándalo por irregularidades, delitos y mal comportamiento, ahora buscan ser más estrictos con los fichajes -algo tardío, pero bienvenido-.
La propia presidenta Claudia Sheinbaum se ha involucrado en el proceso. Uno de sus desafíos es mantener la mayoría absoluta en San Lázaro para sostener las reformas de la segunda parte de su mandato, blindar el presupuesto federal de los próximos tres años y garantizar los programas sociales que tanta popularidad le han dado al régimen.
También buscan conservar el control de las comisiones legislativas clave y mejorar el perfil de sus diputados, conscientes de que del nivel de quienes lleguen a San Lázaro dependerá, en buena medida, el éxito del gobierno. Porque de nada sirve ganar la mayoría si, al final, esa mayoría no sabe qué hacer con ella.
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HAY QUIENES PIENSAN que son ficticios los reclamos que mantiene el PT contra Morena por haberlos excluidos del proceso de selección de sus defensores de la transformación.
Sin embargo, hay lugares, como Morelos, en donde el gobierno de la morenista Margarita González, ve a la dirigente local del PT, Tania Valentina Rodríguez, como una verdadera adversaria, más incómoda incluso que la oposición. En pocas palabras, es un dolor de cabeza para la mandataria.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “La mejor curul no es la que se hereda, es la que se defiende dos veces”.




