El experimento de la elección judicial terminó evidenciando el desgaste del lopezobradorismo: baja participación, operadores fallidos y traiciones internas dejaron ver que Morena sobrevive de la inercia
Como ya ha ocurrido con otras banderas del obradorismo -como la fallida doctrina de “abrazos, no balazos”-, la tozuda realidad vuelve a hacer de las suyas. Esta vez, con nombre y fecha: 1 de junio. Si alguien salió derrotado en la llamada elección judicial, ese fue Andrés Manuel López Obrador.
Y no importa cuántos de sus cercanos lleguen a la Suprema Corte o cuántos aliados de Morena hayan sido colocados estratégicamente en las urnas. Lo que quedó en evidencia fue la apatía ciudadana: una participación ínfima que ni siquiera alcanzó a la mitad de los votos que Morena y sus aliados recogieron en la elección federal de 2024.
La legitimidad de una elección que buscaba transformar al Poder Judicial de la Federación -una obsesión declarada del tabasqueño- quedó en entredicho. Y lo peor para el ex presidente es que no sólo perdió en las urnas; también perdió parte del control del ajedrez político que él mismo armó.
En Veracruz y Durango, donde varios de sus operadores jugaron fichas importantes, Morena no logró más que resultados tibios. En algunos casos, bochornosos.
El derrumbe no fue sólo suyo. Al ex presidente lo acompañó su propio círculo: el PVEM, el PT y figuras como el gobernador potosino Ricardo Gallardo, quienes se desmarcaron o jugaron en contra en distintas plazas. Traiciones de aliados incómodos que cobraron su factura en votos perdidos.
Y luego está su familia política. Andy, su hijo, colocado a la cabeza de la Secretaría de Organización de su partido, demostró que el apellido no garantiza eficacia.
Su papel en Durango fue poco menos que desastroso: el morenismo se fue al tercer lugar, perdió dos de las 18 alcaldías que gobernaba y ni siquiera pudo arrebatar la capital. Peor aún: Movimiento Ciudadano, con menos estructura, logró superarlos.
Otro fiasco fue el de Adán Augusto López, uno de los más leales a AMLO. En Veracruz, su apuesta por acercar a panistas como Miguel Ángel Yunes a las filas de Morena terminó en un boomerang: Yunes y su clan trabajaron para Acción Nacional desde adentro. Resultado: de 108 municipios que gobernaba Morena, se quedaron sólo con 84.
En ese contexto, desde el oficialismo han intentado vender el domingo como una jornada histórica. Y sí, lo fue. Pero no por las razones que quisieran. Lo que se rompió no fue un paradigma democrático, sino el espejismo de una transformación infalible.
Pese al discurso triunfalista, lo cierto es que la Reforma Judicial que el ex presidente impulsó con tanto fervor fue decidida por una minoría. Y eso, para un movimiento que se dice respaldado por “el pueblo”, es más que un revés: es una señal de agotamiento que tiene nombre y apellido: Andrés Manuel López Obrador.
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CONTRA TODOS LOS PRONÓSTICOS, un hombre de origen indígena, oriundo de la región mixteca de Oaxaca, Hugo Aguilar Ortiz, se convertirá en presidente de la Suprema Corte de Justicia.
Él, como las y los demás ganadores de elección judicial, fueron siempre cercanos a López Obrador, aunque la mayoría de ellas y ellos hicieron trabajo en la capital del país: Lenia Batres, Yasmín Esquivel, Loretta Ortiz, María Estela Ríos, Sara Herrerías, Azael Figueroa, Arístides Guerrero e Irving Espinosa.
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MUCHOS SE PREGUNTAN ¿dónde está el PAN de la CDMX? Pasan y pasan cosas y nada se sabe de la segunda fuerza política de la capital. Ni su dirigente, Luisa Gutiérrez, ni su coordinador en el Congreso Local, Andrés Atayde, dicen una sola palabra sobre los problemas de la principal ciudad del país.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Andrés Manuel quiso hacer historia… y lo logró: organizó la elección menos votada que nadie pidió”.





