Entre rebeliones locales, aspirantes sin respaldo y una dirigencia que no logra ordenar a sus propios gobernadores, Acción Nacional llega a la Ruta 2027 con más pleitos internos que candidaturas definidas
Mientras Morena avanza a paso veloz en la selección de los perfiles que buscarán una de las 17 gubernaturas en juego en 2027, la oposición titubea, no logra vencer cacicazgos locales y disimula su urgente necesidad de ir en alianza, porque solos no convencen ni vencen.
El caso que más llama la atención es el del PAN, de Jorge Romero, cuya estrategia no termina de tomar forma, si es que existe.
Cada vez son más los que piden una definición y apoyos que, dicen, el CEN les escatima, lo que ya provocó rebeliones locales: pedir presupuesto y recibir solo palabras de aliento no le ha gustado a nadie.
Curiosamente, esos problemas se agudizan en los estados que gobierna: Querétaro, Aguascalientes, Chihuahua y Guanajuato.
En Querétaro, Luis Nava, aspirante a la gubernatura, pidió a Romero que la universidad estatal haga una encuesta para definir la candidatura y garantizar un proceso con certeza y transparencia.
Denunció que supuestas encuestas del PAN se filtraron, lo que le mete ruido al proceso. Aunque es secreto a voces que el pleito real se da entre el gobernador Mauricio Kuri, el exgobernador Pancho Domínguez, el senador Ricardo Anaya y el propio Romero.
Y la dirigencia no ha logrado poner orden: de un lado, el grupo que respalda a Nava; del otro, el que arropa a Felifer Macías, quien lleva la delantera en casi todas las encuestas.
En Guanajuato, donde habrá elecciones para alcaldías, los aspirantes sienten desdén y lejanía de la dirigencia.
En Chihuahua pasó algo parecido: la gobernadora Maru Campos rechazaba a Marco Bonilla, el mejor posicionado en los sondeos, y Romero no hizo valer su autoridad desde el principio.
Igual en Aguascalientes, donde el favorito, Toño Martín del Campo, no siempre tuvo el respaldo de la gobernadora Tere Jiménez. Es decir, el PAN tiene gobernadores, pero a veces le falta gobernabilidad.
Salvo algunos casos, como Tlaxcala, con Miriam Martínez; Baja California Sur, con Pancho Pelayo; Michoacán, con Alfonso Martínez; y Nuevo León, con Adrián de la Garza, el PAN sigue muy rezagado con sus designaciones. El partido de Romero se atora y se atrasa cuando Morena ya va dos pasos adelante.
Hay panistas de cepa que atribuyen ese rezago a la falta de liderazgo: después de las elecciones de 2024, su dirigente le pintó la raya a sus aliados del PRI y del PRD, argumentando que no habían sido de gran ayuda.
Hoy parece haber cambiado de opinión, porque se dio cuenta de que Acción Nacional no puede solo, y busca alianzas que no necesariamente quiere que se sepan, más aún cuando está en riesgo de un descalabro importante en la Cámara de Diputados y en los estados que “gobierna”.
Y ahí está la paradoja: el PAN quiere aliados, pero le da pena presentarlos. Mientras no decida si va solo o acompañado, y con quién, seguirá llegando tarde a una fiesta en la que Morena ya va por el segundo brindis, y con la mesa principal ocupada.
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AUNQUE YA ESTÁN RESUELTAS las 17 pre candidaturas de Morena en los estados que irán a elecciones, Ariadna Montiel y Citlalli Hernández trabajan en una minuciosa operación cicatriz, debido a que existe brotes de inconformidad en algunos estados, como en Quintana Roo, en donde la diputada Marybel Villegas se rebeló y desconoció los resultados de la encuesta con la que se designó a Eugenio “Gino” Segura.
Tatiana Clouthier anunció la creación de un movimiento propio después de la designación en Nuevo León; el guerrerense Félix Salgado pide encuestas espejo, mientras que el zacatecano Ulises Mejía rompió en definitiva con los Monreal y su candidata Verónica Díaz, sobre quien pesan serios cuestionamientos por su grado de estudios.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Quemé mis barcos para no dar marcha atrás; y en el PAN no logran ni decidir en cuál se suben”.





