El jefe de Morena en la Cámara anunció su supuesto “retiro de la vida pública”, pero nadie se lo cree. Con poder en el Congreso, influencia en Zacatecas y un nuevo partido en construcción, su adiós parece más una jugada política que una despedida real
Ricardo Monreal dice que se va… pero ya lo hemos oído antes. El zacatecano –senador, sobreviviente profesional del sistema– sacudió el avispero al declarar que “prepara su retiro de la vida pública”.
La reacción fue tan inmediata como incrédula. “¿Monreal, jubilado? Sólo en ciencia ficción”, soltó un experimentado periodista que me recordó una joya de la historia: cuando en 1880, Porfirio Díaz cedió (temporalmente) la presidencia a su compadre Manuel González.
Díaz lo citó, le comunicó la decisión y, sin reparo, González comenzó a hurgar en los cajones de la oficina presidencial.
Atónito, don Porfirio preguntó:
—¿Qué hace?
—Estoy buscando al pendejo que se lo crea, respondió el interino.
Ese episodio retrata con precisión lo que muchos piensan del “retiro” de Monreal: una puesta en escena para ganar tiempo, negociar o reposicionarse.
Porque si bien no despacha en Los Pinos, sí controla piezas en el tablero político: lidera a Morena en San Lázaro, y con su familia tejió una red de poder en Zacatecas.
Aunque recordemos que para Monreal no todo ha sido miel sobre hojuelas. La relación con Palacio ha sido distante, tirante y plagada de sospechas.
Sheinbaum no olvida –ni perdona– los agravios de 2018, cuando el zacatecano hizo campaña paralela para la Jefatura de Gobierno. Ni mucho menos las maniobras junto a Sandra Cuevas y la oposición para arrebatarle a Morena la CDMX.
Tampoco olvidan su “alianza” con Alejandro “Alito” Moreno para blindar al priista ante la Suprema Corte. Ese tipo de favores no se perdonan fácilmente.
En 2024, Monreal fue nombrado “corcholata” presidencial por AMLO, pero sólo como estrategia de contención. Llevó el juego hasta el límite, amagó con irse a la oposición si no le permitían competir. Fue un chantaje tan evidente como inútil.
Ahora, el verdadero termómetro de su poder está en Zacatecas. Pero desde Palacio ya se giró la instrucción: no más nepotismo.
Saúl Monreal, su hermano, no podrá buscar la gubernatura de Zacatecas por Morena en 2027. Y muchos se preguntan si esto será el fin del juego. La respuesta es: para nada.
Monreal trabaja el plan B: junto con el también diputado Pedro Haces, busca fundar un nuevo partido. Una estructura paralela, funcional y lista para lo que se ofrezca.
La operación se cuece en franca rebeldía contra la 4T… y contra Sheinbaum.
Por estos motivos, hablar de un retiro es como decir que el PRI va a renunciar al clientelismo: nadie se lo traga.
La declaración de Ricardo no es un epílogo, es un acto de distracción mientras se reagrupan las fuerzas, se tantean los nuevos liderazgos y se mide el desgaste del obradorismo sin AMLO en la boleta.
La historia lo demuestra: en la política mexicana, los “retiros” suelen ser sólo vacaciones tácticas.
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El poder de Andy: el hijo incómodo que sigue moviendo hilos en el gobierno. Y es que mientras el país intenta pasar la página del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, en las entrañas del poder una sombra familiar sigue creciendo.
Andrés Manuel López Beltrán, mejor conocido como “Andy”, no necesita un cargo oficial para influir. Su nombre basta. Su apellido pesa. Y sus operadores están por todas partes.
No hay dependencia federal ni oficina de gobiernos locales, como en la CDMX, que no tenga una historia que contar.
Funcionarios, asesores, directores y hasta personal de confianza murmuran –fuera de micrófono– lo mismo: “nos impusieron a gente de Andy”. Nadie se atreve a denunciarlo públicamente, pero el malestar hierve a puerta cerrada.
Por doquier proliferan nombres que no pasaron por filtros técnicos ni concursos públicos. Lo que sí tienen en común: la cercanía con el hijo del ex presidente.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Monreal dice que se va de la vida pública… pero ya reservó mesa en el siguiente sexenio”.





