El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez Luna, enfrenta cuestionamientos por haber asistido a una fiesta VIP de la Fórmula 1 en 2024 con boletos cortesía de Club 51, una exclusiva sociedad privada de negocios. Su esposa, la diputada Diana Karina Barreras, también estuvo presente en el evento.
Según el propio legislador, los boletos fueron un obsequio del club. Club 51 lo confirmó públicamente en un mensaje en la red social X (antes Twitter), donde señaló que cada año entrega cortesías a figuras destacadas. Sin embargo, el mensaje fue eliminado horas después.
Esta situación ha generado críticas, ya que podría violar la Ley General de Responsabilidades Administrativas, la cual prohíbe que los servidores públicos acepten regalos o beneficios de personas o empresas con actividades vinculadas al gobierno, por el riesgo de conflicto de interés.
Club 51 es un club privado ubicado en los últimos cinco pisos de la Torre Mayor, en Paseo de la Reforma. Ofrece servicios de alto nivel como salas de juntas, spa, bar, restaurante, gimnasio, terraza con vista panorámica, simulador de golf y áreas de descanso. Se presenta como un espacio exclusivo para empresarios, ejecutivos, deportistas y figuras públicas. El costo de membresía no es público, pero investigaciones periodísticas estimaron que en 2007 era de alrededor de 14 mil dólares, más cuotas mensuales.
A pesar de que no hay pruebas de que Gutiérrez Luna sea miembro del club, la propia publicación del Club 51 sugiere que los regalos suelen otorgarse a personas con algún tipo de relación con la organización. Esto ha generado dudas sobre si se incurrió en una falta administrativa o incluso en un acto de corrupción.
El empresario Ricardo Salinas Pliego reaccionó en X criticando al legislador y a la clase política en general. Afirmó que el escándalo por los boletos es solo una muestra del uso indebido del poder y acusó a varios actores políticos de corrupción y complicidad con prácticas indebidas.
Diversas marcas de lujo patrocinadoras del club, como Dom Pérignon, American Express, Ron Flor de Caña y Riedel, cuentan con códigos de ética que prohíben prácticas que puedan interpretarse como sobornos. La entrega de boletos valorados en más de 340 mil pesos podría contradecir esos principios.
Actualmente, el caso ha generado un debate público sobre los límites éticos entre el sector empresarial y los representantes públicos, así como sobre la responsabilidad de ambos en el uso de recursos, influencias y beneficios.






