En su reaparición pública, el hijo del expresidente usó el apellido paterno como defensa, endilgó a la oligarquía todos sus males y desconoció a su amigo. Un mensaje bien armado para los suyos, pero poco convincente para quienes esperan respuestas
Andy López Beltrán salió a defender su prestigio y su honra, y terminó arremetiendo contra todos y contra nadie. Hubo golpes al aire, nombres propios y dedos señaladores, pero ninguna respuesta que alcanzara para cerrar el expediente.
En Morena recibieron el mensaje con reserva. Incluso algunos miembros del partido, de los que no simpatizan mucho con él, creen que su reaparición es parte de una estrategia para mitigar los daños que pudiera provocar la inminente detención de Amílcar Olán, el amigo que Andy negó una y otra vez.
Y sus menciones contra el FBI, dicen sus no simpatizantes, responden a que el tabasqueño ve cerca una nueva embestida del gobierno de EU y quiere adelantarse, curarse en salud.
Lo cierto es que siempre echó el apellido por delante. Invocó una y otra vez a su padre, Andrés Manuel López Obrador, no tanto como quien pide justicia por un agravio familiar, sino como quien levanta un escudo. Víctima, lo que se dice víctima, no se le vio. Más bien se le vio construir un muro protector.
Luego, los culpables. Mencionó a periodistas, a quienes atribuyó una campaña de desprestigio contra él, su padre y su movimiento. Y fue más lejos: dejó caer que las desgracias de la 4T, sobre todo las acusaciones de corrupción, son obra de la oligarquía y de la “ultraderecha”. Cómoda explicación. Todo lo malo viene de afuera; lo bueno sólo nace en casa.
Pero se quiso lavar las manos. Desconoció a sus amigos, negó haber ejercido tráfico de influencias y rechazó negocios ilícitos. Son sus palabras y así deben tomarse: como una versión que ahora tendrá que sostenerse con hechos, no con adjetivos.
Repitió, además, dichos de su padre. Dijo que nadie lo va a doblar y que seguirá con su lucha. Pero, ¿cuál lucha? No quedó claro. No habló de un proyecto político propio, ni de ideas, ni de rumbo. Sólo del intento de limpiar su nombre y de curarse en salud.
Hubo silencios que pesaron más. De su visa cancelada para entrar a Estados Unidos no dijo nada. Eso sí, insinuó que el FBI se coludió con un personaje al que se acusa de participar en delitos relacionados con huachicol fiscal. Insinuó, no probó. La diferencia importa.
En resumen: Andy dio la cara, pero no respuestas convincentes. Un buen escudo sirve para resistir el golpe, no para explicar de dónde viene. Y mientras no explique lo que se le señala, su defensa seguirá pareciendo una cortina de humo y no una aclaración.
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CONFORME AVANZAN LOS DÍAS, se confirma que fue la Presidenta Claudia Sheinbaum, a través de la Secretaría de Gobernación, quien solicitó a Guadalupe Taddei su renuncia al INE.
En Palacio Nacional sabían de las acusaciones por irregularidades en la asignación de contratos, pero nunca imaginaron que la situación fuera tan grave como se ha revelado. Por ello, todos los contratos y adjudicaciones serán sometidos a una revisión exhaustiva.
La gravedad de lo descubierto ha llevado a considerar escenarios extremos: cárcel para todos los involucrados y hasta la disolución del Consejo General del INE. ¿Serán capaces de llegar tan lejos?
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LA CÁMARA DE DIPUTADOS, presidida por Raúl Bolaños, se acerca a la recta final en la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2027, mientras gobernadores de todos los partidos presionan para obtener mayores recursos para sus estados.
Sin embargo, esa presión no es suficiente. Los legisladores de Morena tienen la consigna de priorizar las demandas de Palacio Nacional: garantizar fondos para el proyecto ferrocarrilero, conseguir un billón de pesos para programas sociales y aumentar el presupuesto para salud y medicinas. Contra esas prioridades, ninguna presión ni gobernador tiene peso.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Mi padre fue un emperador sabio. El apellido se hereda; la sabiduría, no”.





