La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) aumentó su estimación del número de muertos en el alud de tierra en Papúa Nueva Guinea a más de 670 personas, según informó el jefe de la misión de la OIM en el país, Serhan Aktoprak.
El deslave, que ocurrió en el pueblo de Yambali, provincia de Enga, dejó sepultadas más de 150 viviendas. Aunque hasta este domingo solo se habían recuperado cinco cuerpos y una pierna, las esperanzas de encontrar sobrevivientes entre los escombros son escasas.

El acceso a la zona afectada sigue siendo complicado debido a la inestabilidad del terreno y a disputas tribales en la región. Mientras tanto, el gobierno de Papúa Nueva Guinea está considerando solicitar más asistencia internacional para hacer frente a la tragedia.
Las caravanas que transportan suministros esenciales a las zonas afectadas también enfrentan riesgos debido a los enfrentamientos tribales en el camino. Aunque soldados locales brindan seguridad, ocho personas murieron en un altercado entre clanes rivales el sábado.
La violencia en la región ha dificultado la evaluación precisa de víctimas y heridos, y las autoridades aún están revisando las cifras que ocasiono el Alud de tierra. El ministro de Defensa del país y el director del Centro Nacional de Desastres están evaluando la situación de primera mano, mientras que Estados Unidos y Australia ofrecen asistencia adicional.
Papúa Nueva Guinea, una nación diversa y en desarrollo, se enfrenta a un desafío sin precedentes mientras lidia con las consecuencias de esta devastadora tragedia.





