El Movimiento de Regeneración Nacional lleva años gobernando la capital sin competencia. Ganó alcaldías, dominó el Congreso local y consolidó su hegemonía. Pero hoy enfrenta un problema que nadie esperaba…
En la Ciudad de México el partido guinda lleva casi un mes sin dirigente y sin fecha para designar uno. Para muchos, ese vacío no es un detalle administrativo: es una señal de alarma a 36 días de que arranque el proceso electoral 2027.
El panorama no es alentador. Sin conducción clara, el morenismo chilango enfrenta el riesgo de un descalabro significativo. Podrían perder posiciones en el Congreso local y alcaldías, entre ellas Tlalpan, Azcapotzalco, Xochimilco e Iztacalco.
La presión viene también de sus aliados. El PVEM, a través de su coordinador en el Congreso de la CDMX, Jesús Sesma, ya advirtió que podría ir solo en varios distritos y demarcaciones.
El argumento es directo: Morena no está dando el ancho. No tiene dirigente, mantiene cerrado el diálogo y la elección está a la vuelta de la esquina.
Nadie en el partido asume la tarea de ordenar la casa. El gobierno local está más ocupado apagando incendios cotidianos.
Se menciona al diputado Paulo Emilio García como posible nuevo dirigente -pero todo ha quedado en rumor-, sobre todo porque también se especula que buscaría la alcaldía de Coyoacán.
Desde el 19 de julio, cuando Héctor Díaz-Polanco dejó la presidencia del partido, la incertidumbre se instaló.
Los alcaldes no saben qué hacer y los diputados de Donceles y Allende andan, como dijo uno de ellos, “como cabras tiradas pa’l monte”, mientras verdes y petistas observan y toman posiciones.
Pero el riesgo para Morena es mayúsculo: que sus aliados se vayan por la libre y que el partido llegue debilitado a 2027, rompiendo la hegemonía que ha mantenido durante años.
La única señal llegó ayer desde su dirigencia nacional. Ariadna Montiel despejó la incógnita y dio a conocer que alcaldes y legisladores podrán buscar la reelección por última vez, pero más allá de eso el tiempo apremia, porque en política, un mes sin liderazgo puede costar una elección.
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HISTORIA “PRECIOSA”. La dirigencia de Morena, que encabeza Ariadna Montiel, llevó el caso de las llamadas “DesCasadas” a la Comisión de Honor y Justicia, donde plantean ya la posibilidad de expulsar del partido a las diputadas poblanas Nayeli Salvatori y Grace Palomares, quedando fuera del proceso electoral 2027.
Y es que las expresiones de ambas legisladoras en contra de los adultos mayores, durante su participación en un podcast, nada bien cayeron en el partido. Las consideraron ofensivas y degradantes, pero sobre todo violatorias de sus principios y documentos básicos del partido.
En medio de esta polémica, ha salido a relucir el historial de las involucradas. Por ejemplo, Nayeli Salvatori, la más lenguaraz de todas, estuvo casada con Mario Montero Rosano, hijo del exsecretario de Gobernación de la entidad, Mario Montero Serrano, durante la gestión del priista Mario Marín, alias el “Gober Precioso”. Además, tiene un hijo que, por cierto, también lleva el nombre de Mario. ¡Entre marios te veas!
Otra de las participantes del podcast, Nadia de la Rosa, fue despedida del programa matutino de Televisa Puebla, mientras que la cuarta integrante, Hilda Salvatori, es hermana de Nayeli, trabaja como nutrióloga en el ISSSTEP y se ha mantenido en silencio.
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QUIENES CONOCEN de la política en Sinaloa advierten que Rubén Rocha tiene responsabilidad en la crisis que vive el estado y, sobre todo, Morena. Sin embargo, señalan que el verdadero culpable es el senador Enrique Inzunza, quien lleva tres meses sin presentarse a trabajar en el Senado de la República. Eso sí, cobra puntualmente un salario superior a los 130 mil pesos mensuales.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Hay dos tipos de escándalos políticos: los que indignan y los que conviene ignorar. ¿Adivina cuál se castiga?”.





