Nuestro país patenta muy poco: más de 90% de las solicitudes para explotar inventos vienen del extranjero y sólo 7% son nacionales, pese a que aquí abundan talento e ingenio. Y lo que busca el gobierno es virar del país ensamblador al inventor
México vive una paradoja incómoda: otorgamos licencias, permisos y rutas legales para explotar inventos, pero registramos pocas patentes mexicanas.
El dato es brutal: entre 93% y 94% de las solicitudes para explotar comercialmente una invención proviene de extranjeros; apenas 6% a 7% son de origen nacional.
Eso explica por qué el país aparece en lugares rezagados —se menciona el 57— en el ranking mundial de innovación. En pocas palabras: somos plataforma para que otros innoven… y ventanilla para autorizarlo.
Fuentes gubernamentales reconocen que talento, ingenio e invención sobran. Lo que falta son incentivos, apoyos y estímulos que conviertan ideas en productos, y prototipos en empresas.
Y ahí está el núcleo del problema: México ha sido educado para ensamblar, no para patentar; para manufacturar, no para capturar valor. En la economía del conocimiento, el que no registra, no cobra. Y el que no cobra, termina aplaudiendo el éxito ajeno.
Por eso, uno de los objetivos de la presidenta Claudia Sheinbaum es mover al país del papel de manufacturero y ensamblador al de inventor e innovador.
El discurso suena bien, pero la realidad exige estructura: financiamiento, acompañamiento, propiedad intelectual, vinculación con empresas, compras públicas inteligentes y, sobre todo, una cultura que premie el riesgo y la creación.
En las próximas semanas, la Secretaría de Economía, que encabeza Marcelo Ebrard, anunciará el lanzamiento de un sistema nacional de innovación para abrir “terreno fértil” a inventores e innovadores y empujar sus proyectos hacia el mercado.
La apuesta incluye cuatro Innovafests regionales y uno nacional, concebidos como encuentros de alto nivel para impulsar ciencia, tecnología y emprendimiento, conectando jóvenes, empresas y academia con la promesa de potenciar la economía, atraer inversiones y visibilizar talento mexicano.
El enfoque temático no es menor: Inteligencia Artificial, robótica, dispositivos médicos, vehículos de hidrógeno y software, entre otros.
En cada evento habrá exhibiciones y premios a los mejores inventos, con montos que superan los 250 mil pesos. Además, se anuncia otra edición de “Hecho en México: Mentes en Acción”, un formato tipo Shark Tank donde expertos asesorarán proyectos y donde empresarios y fondos de inversión podrán seleccionar a quién invertir o qué incubar.
La batuta la llevan Economía y el IMPI, que comanda Santiago Nieto. La prioridad, dice el plan, es unir dos mundos que casi no se hablan: el de la ciencia y la tecnología con el de los negocios. Suena obvio, pero en México esa conversación suele terminar en aplausos, no en patentes.
En ese contexto, innovar no es hacer eventos; es construir un sistema donde una buena idea no muera por falta de capital, mentoría o trámite.
Si el objetivo es salir del sótano del ranking, el país tendrá que dejar de celebrar el “talento” y empezar a premiar el resultado: patentes mexicanas, empresas tecnológicas y propiedad intelectual que se quede aquí. Porque sin eso, seguiremos siendo la fábrica del mundo… y el espectador de la innovación.
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CON LA DETENCIÓN DE DIEGO RIVERA, alcalde morenista de Tequila, Jalisco, por extorsión y delincuencia organizada, el gobierno federal inició una cacería de servidores públicos que están vinculados a bandas criminales o que están usando sus cargos para cometer fechorías.
La Secretaría de Seguridad, que comanda Omar García Harfuch, tiene ya una lista de alcaldes, regidores y diputados con malos antecedentes penales y les echará el guante uno por uno.
Nadie en el Gobierno de México lo acepta, pero varios de esos personajes están en la mira de Estados Unidos, porque colaboran con la delincuencia organizada en Jalisco, Guerrero, Colima, Michoacán, San Luis Potosí, Sinaloa, Baja California y Tamaulipas.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “El guante viene en camino: a ver cuántos se quitan la máscara”.





