La salida de Adán Augusto se habría acordado en Palacio Nacional y el “premio” fue enviarlo a operar territorio, rumbo a las elecciones del 2027. El que sigue, comentan, es Ricardo Monreal
Afuera, muy pocos lo veían venir y muchos lo deseaban, pero en el gobierno y en Morena se asumía que era cuestión de días para que Adán Augusto López se hiciera a un lado y dejara la coordinación de Morena y la presidencia de la Jucopo en el Senado de la República.
“Cayó para arriba, perdió ganando”, se escuchó en los pasillos: lo sacan del epicentro de las decisiones, pero le armaron un cargo a modo para que el golpe no suene a golpe. Motivos para su “remoción” había de sobra.
En sectores del oficialismo se dice que fue notificado de la decisión durante la reunión que sostuvieron los coordinadores de Morena con la presidenta Sheinbaum en Palacio Nacional.
El premio, disfrazado de reacomodo, fue nombrarlo coordinador político en la cuarta circunscripción, con la tarea de operar rumbo a las elecciones de 2027 en CDMX, Guerrero, Morelos, Puebla y Tlaxcala.
Para muchos, el movimiento fue una buena noticia: lo sacan del foco de las polémicas, desde escándalos de su vida privada hasta presuntos vínculos con La Barredora, que ya le estaban costando caro al gobierno.
Además, siempre dejó la impresión de que lo protegían a costa de todo. Pero ese blindaje lo debilitó: si te cuidan demasiado, también te exhiben. Y así, Adán fue perdiendo autoridad dentro de Morena y frente a la oposición.
A ese desgaste se sumó su pleito con Ricardo Monreal, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, por temas presupuestales, y los señalamientos por manejos irregulares en el Senado.
La combinación fue letal: fricción interna, dudas externas y una operación política que, en momentos clave, pareció más pleito de tribus que conducción de mayoría.
La mala noticia para algunos es otra: Adán se queda como senador y, al menos por ahora, no hay investigaciones por su relación con Hernán Bermúdez ni por un estilo de vida que contrasta con el “evangelio de la pobreza franciscana”.
En otras palabras: pierde el micrófono, pero conserva el fuero y el escaño. En el México real, eso también cuenta.
El anuncio de su renuncia se dio este domingo por la mañana, durante el desayuno previo al arranque formal de la plenaria y antes de recibir a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez.
Para evitar sobresaltos, nombraron en su lugar al senador poblano Ignacio Mier, a quien varios ubican cercano al grupo del tabasqueño. Su encargo, dicen, es abrir más negociación y evitar que un solo bloque imponga su voluntad en el Senado.
El reacomodo encendió otra pregunta: ¿quién sigue? La mirada se volcó a San Lázaro y en Morena ya dan por hecho que el siguiente en la fila podría ser Ricardo Monreal.
El desempeño de ambos ha dejado mucho que desear, sobre todo en la gestión de la reforma electoral: ni con la oposición ni con los aliados.
Por lo pronto, a Adán lo mandan a la operación política, giras y “baños de pueblo”. Y algo que en el gobierno llaman reacomodo; en política se llama mensaje: cuando estorbas en la cúpula, te mandan a caminar… para que el polvo tape lo que la alfombra ya no alcanzó a esconder.
Además, la presidenta Sheinbaum dio un segundo golpe en la mesa después del acuerdo con Grupo Salinas y Rosa Icela cerró la pinza.
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TAL COMO LO ANTICIPAMOS en este espacio desde el año pasado, Daniel Sibaja fue “obligado” a renunciar, en enero pasado, como secretario de Movilidad del Estado de México.
Impulsado siempre por Marcelo Ebrard, fue rescatado por Mario Delgado, quien lo incorporó a su equipo de trabajo en la SEP.
Sin embargo, en el grupo de Ebrard quedó un mal sabor de boca: creen que un grupo del Edomex empujó la salida de Sibaja. Pero quienes trabajaron de cerca con él, en cambio, comentan que no era buen jefe ni mucho menos buen líder; no se dejaba ayudar.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “En Morena, el que negocia mal, camina más”.





