Cuando una silla o un cargo resulta demasiado grande, hay dos salidas: sentar a otra persona o encoger la silla. En el oficialismo decidieron intentar ambas al mismo tiempo, a contrarreloj y con las elecciones a la vuelta de la esquina
Guadalupe Taddei renunció a la presidencia del Consejo General del INE, desatando una crisis institucional que deja al gobierno y a Morena en el Congreso de la Unión contra la pared. Ahora, deben armar a toda prisa una estrategia para intentar salvar la imagen del árbitro y el proceso electoral, mientras la incertidumbre y la presión aumentan sin freno.
Y en ese contexto, lo que decidan sobre el futuro de la sonorense pasará a segundo plano. Lo urgente es nombrar al reemplazo y, en paralelo, acotar las funciones de quien llegue, porque las “superfacultades” del cargo son el origen de los problemas que hoy enfrenta el INE.
Un poco de historia. Desde su llegada, en abril de 2023, Taddei encabezó una gestión marcada por tensiones políticas, reformas internas e investigaciones administrativas.
Primero fue la cercanía de su entorno familiar con el gobierno federal, que llevó a la oposición a señalar una posible pérdida de imparcialidad.
Luego vino octubre de 2024, cuando se publicaron las leyes secundarias de la reforma al Poder Judicial, con cambios a la Ley Electoral. Alteraron el equilibrio y la colegialidad del INE, y concentraron facultades en la presidencia y en la Junta Ejecutiva.
La llamada “Ley Taddei” le permitió nombrar a titulares de direcciones ejecutivas y áreas técnicas, sin aprobación del Consejo General.
Esa concentración de poder provocó rupturas con varios consejeros, impugnaciones ante la Suprema Corte y acusaciones de violar la paridad de género en designaciones.
La crisis más severa llegó este año, con revelaciones sobre presuntos conflictos de interés y dudas sobre adjudicaciones de materiales electorales.
La Auditoría Superior de la Federación, que encabeza Aureliano Hernández, abrió una indagatoria formal, y distintos actores políticos exigieron renuncia o juicio político.
Públicamente, Taddei había rechazado dimitir, defendió la legalidad de los procedimientos y dijo que no cedería a presiones externas.
Pero el fin de semana fue crucial. Se reunió con funcionarios de alto nivel y les informó que su renuncia ya estaba lista. Le pidieron esperar un poco.
Mientras tanto, diputados de Morena y Palacio Nacional revisan perfiles y buscan una ruta legal para recortar las facultades de quien suceda a Taddei.
Es decir, quienes le dieron las llaves ahora buscan quitarle la llave al siguiente. Porque quiérase o no, el poder extendido que le otorgaron terminó por rebasarla por completo.
Ahora, el INE no necesita solo un relevo, sino un contrapeso. Si cambian a la presidenta pero conservan el traje a la medida, el problema seguirá vivo en el siguiente ocupante. Hay que decirlo con todas sus letras: una institución electoral que depende de una sola persona deja de ser árbitro y se vuelve jugador.
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EL FIN DE SEMANA, sonó el nombre del consejero Arturo Manuel Chávez López, como posible sustituto de Taddei, en la presidencia del INE.
Sin embargo, parece que no será sencilla la designación, porque existen antecedentes judiciales. Cuando la consejera Carla Humphrey se postuló para el puesto, le dijeron que no podía porque ya ejercía otro cargo en el instituto. Cierto o no, ella no pudo ser.
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LA CTM, que encabeza Tereso Medina, dejó de ser una “organización” ligada al PRI. No fue decisión de los trabajadores, sino de quien hoy se siente propietario del partido.
Con ese antecedente, la central obrera más grande del país buscará alianzas con otras fuerzas políticas para postular candidatos en 2027.
Así, con la convicción de que sus intereses están alineados con las demandas de los trabajadores y un apoyo irrestricto a la presidenta Claudia Sheinbaum, su primera opción para buscar cargos de elección popular es Morena.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Siempre parece imposible hasta que se hace. Cambiar a la persona es fácil; lo difícil es cambiar las reglas”.





