La brecha entre el discurso oficial y la realidad en las salas de espera del Seguro Social es abismal, mientras la dirección general del IMSS presume que sus 25 mil médicos familiares son la “columna vertebral” del sistema, la experiencia cotidiana demuestra un engranaje burocrático que asfixia al paciente.
Las trabas empiezan en el primer nivel, donde esos médicos que el director del instituto dice respetar y admirar por su trayectoria académica viven con los pacientes las deficiencias del servicio.
En Unidades de Medicina Familiar como la No. 4, los derechohabientes enfrentan filas de hasta 45 minutos en farmacia para recibir el habitual “no hay, venga el viernes”.
Quienes acuden sin cita caen en la “Unifila”, donde se compite por una consulta exprés de menos de 20 minutos entre más de 40 personas en espera.
La saturación permea todo, pues obtener estudios de laboratorio, citas de nutrición u odontología toma más de un mes; los resultados de un papanicolaou tardan hasta 4 meses, y la atención psicológica es casi inalcanzable.
Y aunque se presume que al cierre de septiembre de 2026, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) registró un total de 22 millones 927 mil 276 puestos de trabajo afiliados, el supuesto “máximo histórico”, para un paciente de psiquiatría en el Estado de México, ese dato se traduce en “si le van a dar el seguro a tanta gente, entonces den mejor servicio porque ya no cabemos”.
Esta ineficiencia es grave ante la crisis nacional, donde, según el INEGI (BIARE 2026), solo 31.1% de los adultos percibe su salud mental como excelente en un contexto donde 18.1 millones de personas viven con un trastorno mental y el tiempo para buscar ayuda médica oscila entre 14 y 30 años por la falta de servicios.
La pregunta entonces sería, ¿cómo un paciente va a atenderse si el sistema lo traba, si conseguir un pase a especialidad en un Hospital General de Zona tarda de 5 a 8 meses?
Aunque existe un “triage” para valorar urgencias psiquiátricas en menos de 30 minutos, la realidad ante un desajuste es encontrar especialistas de vacaciones, por lo que el paciente se ve obligado a trasladarse a un tercer nivel, como el Hospital Regional de Psiquiatría “Dr. Héctor H. Tovar Acosta” en Tlalpan, donde posiblemente no te den continuidad.
De ahí, el enfermo es devuelto al primer nivel a buscar medicamento o a reiniciar el ciclo, nivel por nivel porque si te salió una urgencia o necesidad, hay que volver al inicio.
Y yo podría decir que las protestas de los médicos son legítimas porque en la práctica se sustenta su malestar, pero no lo voy a decir porque el director está acostumbrado a que sus visitas a los hospitales, a diferencia de los pacientes atorados en un bucle infinito de espera y desabasto, todo se vea bonito y legítimo.




