Mientras en Nueva York la ONU vuelve a debatir el futuro de una franja africana que casi nadie en México sabría ubicar, nuestro gobierno sigue aferrado a una postura de la Guerra Fría. El mundo ya cambió de conversación. La pregunta es cuánto tiempo más vamos a fingir que no
Imagine un desierto del tamaño de Chihuahua donde, desde hace medio siglo, se discute quién tiene derecho a votar antes de decidir por quién votar. Eso es, en esencia, el Sáhara Occidental.
En 1975, España abandonó su colonia en el noroeste de África. Marruecos reclamó el territorio por lazos históricos anteriores al mapa colonial.
El Frente Polisario, respaldado por Argelia, aisló el territorio. Hubo guerra y, en 1991, la ONU pactó un alto al fuego y prometió un referéndum.
Ese referéndum nunca llegó. No por falta de urnas, sino de padrón. ¿Quién es saharaui? ¿Quien vivía ahí en 1974? ¿Sus hijos? ¿Las tribus nómadas que cruzaban fronteras que nadie había trazado? Tres décadas después, nadie ha podido responder.
Mientras tanto, la vida siguió. Marruecos invirtió en carreteras, puertos, escuelas y energía solar en ciudades como El Aaiún y Dajla. Del otro lado, en los campamentos de Tinduf, en suelo argelino, miles sobreviven de la ayuda internacional, sin que se haya permitido nunca un censo independiente.
Por eso la propuesta marroquí de 2007 ganó terreno: autonomía amplia, con parlamento y gobierno locales, pero bajo soberanía de Rabat. Estados Unidos, Francia y España la respaldan.
En octubre de 2025, el Consejo de Seguridad de la ONU la colocó como base de la negociación. Las audiencias de este mes en la Cuarta Comisión, en las que tuve la oportunidad de participar, lo confirman: el debate ya no es autonomía o independencia, sino cómo aterrizar la autonomía.
Quiérase o no, la diplomacia también se mide en resultados. Un Estado nuevo a las puertas del Sahel, una región asediada por el yihadismo, el tráfico de armas y la migración irregular, nacería frágil desde el primer día. Por esa razón, la autonomía ofrece algo que el referéndum lleva 35 años sin dar: certidumbre.
¿Y México? Desde 1979 reconoce a la “República Árabe Saharaui”. Fue una decisión “coherente” con su época. Pero la política exterior no es un museo. Si el propio Consejo de Seguridad ya movió el eje de la conversación, aferrarse al guion de los setenta es elegir la nostalgia sobre el realismo.
México puede hacer lo que mejor sabe: tender puentes. Hablar con todos, acompañar una salida negociada y entender que la autodeterminación también cabe dentro de un régimen de autonomía, como ocurre con varias regiones de España.
El desierto no espera. Cincuenta años de principios intactos no le han mejorado la vida a nadie. A veces la justicia no está en la solución perfecta, sino en la que sí se puede firmar.
***
EL GOBERNADOR de Baja California Sur, Víctor Manuel Castro, se perfila para formar parte de la lista de mandatarios que terminarán su gestión en desastre, como Rubén Rocha, de Sinaloa; Salomón Jara, de Oaxaca; y hasta el emecista Samuel García, de Nuevo León.
Con base en denuncias de medios y legisladores, el gobierno de Castro enfrenta investigaciones por nepotismo, enriquecimiento ilícito de exfuncionarios cercanos y por desvíos financieros sin solventar.
Es señalado por la desaparición de más de 5 mil 500 millones de pesos, atribuidos a su gestión como coordinador de programas federales, cargo que ocupó antes de asumir la gubernatura.
En el ámbito de la política, está identificado como una herencia de Andrés Manuel López Obrador; sin embargo, en Morena lo marginaron del proceso de sucesión y no permitieron que impusiera a su relevo.
***
COMO ABSURDAS y sin sustento, calificó la Presidenta Claudia Sheinbaum las declaraciones del dueño del PT, Alberto Anaya, quien dijo que Morena se está cargando a la derecha y las coordinaciones estatales rumbo al 2027 fueron impuestas por Estados Unidos. Algo ya no cuadra en la relación de la chiquillada con el partido oficial.
***
Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “La paz no se gana con la razón completa, sino con el acuerdo posible”.





