Por cada candidatura que se entrega, hay una lista más larga de nombres que se quedan fuera. Algunos perdieron por sus expedientes, otros con dignidad, unos con reclamos y otros tantos con la certeza de que el resultado ya estaba decidido
Morena concluyó el proceso para elegir a sus candidatas y candidatos a gobernador en 2027. Hubo euforia entre los ganadores y, del otro lado, mucho enojo y tristeza entre quienes se quedaron en el “ya merito”.
Las emociones fueron parte del proceso interno: hubo porras, acarreados, lágrimas, gritos de euforia, caras largas y hasta uno que otro berrinche de manual.
En medio de esa algarabía quedó al descubierto la popularidad real de cada participante, pero también los buenos y malos expedientes, las compañías convenientes, las verdaderas relaciones de poder y, algo que muchos prefieren no ver: quién manda de verdad, y dónde.
El Verde fue de los que más ganó. Se quedó solo en San Luis Potosí, con Ruth González, y se adjudicó, ya en alianza con Morena, las candidaturas de Quintana Roo con Gino Segura, Nayarit con Jasmine Bugarín y Baja California Sur con Manuel Cota.
Nadie lo reconocerá en público, pero el partido del tucán resultó un mal necesario: en Nayarit el oficialismo sacrificó a Héctor Santana por sus antecedentes y subieron a Jasmine Bugarín; en BCS optaron por Cota para quitarle el control al gobernador Víctor Manuel Castro, sacrificando a Milena Quiroga, quien hizo berrinche y ni siquiera levantó la mano a su contrincante.
En Baja California el arreglo fue puertas adentro. Pese a su cercanía con la gobernadora Marina del Pilar, Ismael Burgueño quedó fuera por las investigaciones que arrastra, y entró Julieta Ramírez.
Chihuahua fue de los casos más ruidosos. Ganó Cruz Pérez, siempre al frente en las encuestas, aunque sus malquerientes insisten en que pesó más su cercanía con Ariadna Montiel.
Andrea Chávez perdió y desató una campaña de amor y odio en redes. Hay quien ve ahí misoginia; el problema, sin embargo, no es de género, es de abuso de poder y relaciones insanas. El expediente la persigue todo el tiempo.
En Tlaxcala perdió Alfonso Sánchez porque en Morena tenían claro el abuso con que el gobierno de Lorena Cuéllar respaldó al alcalde de la capital. Se impuso, al final, la senadora Ana Lilia Rivera.
En Nuevo León repite Clara Luz Flores, ya con respaldo absoluto de la Federación para enfrentar a la alianza PRI-PAN y a MC. A quien no le fue bien fue a Tatiana Clouthier, quien también generó amor y odio en redes -hasta su propio hermano Manuel agradeció al oficialismo no haberla postulado-.
La senadora Célida López rompió en llanto cuando se anunció que Lorenia Valles sería la defensora de la transformación en Sonora. Lo que nadie anticipa es que la imposición del gobernador Alfonso Durazo provocará un rompimiento entre los morenistas; también hay enojo en el grupo de Javier Lamarque.
Zacatecas, cómo no, se suma a la lista de la inconformidad: Verónica Díaz llegó impuesta con encuestas a modo y con las amenazas y chantajes de los hermanos Monreal de por medio.
Y es así como cierra Morena la primera parte de la Ruta 2027. Pero ganar una candidatura a modo no es lo mismo que ganarse a la gente, y ese es el verdadero examen que le espera al partido guinda: recuperar la confianza de tantos hombres y mujeres que se quedaron con mal sabor de boca, convencidos de que, en varios estados, no les ganaron por la buena.
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EXISTE PREOCUPACIÓN en Morena y Palacio Nacional por la insistencia de agencias y medios estadounidenses de vincular a Andrés Manuel López Beltrán con el crimen organizado y contrabando de combustible.
Creen que el caso crecerá como el de Ruben Rocha y nueve personas más en Sinaloa, también vinculados con el crimen, para dañar la reputación y el prestigio del gobierno y del partido, pero también tienen la certeza de que no ha cometido ningún delito. Lo cual, sin duda, está por verse.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “En la política mexicana no hay derrotas, solo acomodos que todavía no se entienden a sí mismos”.





