Hay parejas que se pelean en público y hasta amagan con dejarse, pero a la hora de la hora nunca se sueltan la mano. Eso es, en pocas palabras, lo que Morena tiene con sus dos aliados de toda la vida: el PT que amenaza con irse solo y el Verde que presume triunfos que no siempre son suyos
En el mundo de las sumas y las restas, el Partido del Trabajo está muy lejos de poder hacerle un boquete a Morena si decide, como amaga cada rato, ir solo en 2027.
Al contrario: sin la protección del partido guinda, los petistas firmarían su propia sentencia de muerte, porque en varios estados su votación ni siquiera roza el tres por ciento que exige la ley para conservar el registro. Por eso los amagos del diputado Reginaldo Sandoval y de su eterno dirigente, Alberto Anaya, les hacen, dicen en Morena, lo que el viento a Juárez.
En contraste, la otra rémora del morenismo -perdón, el otro aliado, el Partido Verde- avanza posiciones sin tanto grito ni sombrerazo. Al menos eso es lo que anda “vendiendo” su propietario, Jorge Emilio González, el ya famosísimo “Niño Verde”.
Presume, ante quien quiera oírlo, que ya le dio la vuelta al oficialismo en San Luis Potosí, con la imposición de la senadora Ruth González -esposa del gobernador Ricardo “El Pollo” Gallardo– como candidata a la gubernatura.
Y aunque en Quintana Roo fue Morena quien designó a Gino Segura como “defensor de la transformación” dentro de la alianza, el Verde se lo cuelga como si fuera trofeo propio.
En Nuevo León construyen la misma narrativa triunfalista: pase lo que pase, dicen, impondrán al tucán Waldo Fernández como abanderado de la coalición. Lo mismo repiten en Nayarit con la senadora Jasmine Bugarín.
Zacatecas es un caso especial. El oficialismo ya tiene candidata, Verónica Díaz, y el Verde ha dicho públicamente que respeta la designación. Pero sigue viva la posibilidad de que las huestes de Jorge Emilio apoyen, al final, a otra u otro candidato, ante el enojo generalizado que provocó la imposición de una senadora tan cercana a los Monreal y a Ariadna Montiel.
Tanto el PVEM como el PT han sido útiles para Morena: le sirvieron para inclinar la balanza en San Lázaro y en el Senado, y por eso ambos han cobrado en posiciones y presupuesto.
Los petistas son la mejor muestra: según reportes periodísticos, para 2026 el gobierno federal destinará unos mil 729 millones de pesos a los Cendis, el proyecto educativo que operan Alberto Anaya y su esposa “Lupita” Rodríguez a través del PT. Y eso sin contar diputaciones locales y alcaldías que también les debe el acompañamiento morenista.
Por eso renunciar a lo que ya tienen, con amagos sin sustento, se antoja imposible. Al final, ni el PT ni el Verde quieren romper el matrimonio: solo negocian, a gritos, quién se queda con la cama más grande.
***
NAYARIT ES UNO DE LOS ESTADOS pendientes que Morena tiene para designar a su “defensor de la 4T”, aunque es prácticamente un hecho que se inclinarán por una mujer.
Las finalistas son Geraldine Ponce, alcaldesa de Tepic, y la senadora Jasmine Bugarín, mientras que el alcalde de Bahía de Banderas, Héctor Santana, quedaría fuera de la competencia.
Las alternativas para Santana García son buscar la reelección o aspirar al fuero en la Cámara de Diputados. Con esta segunda alternativa, dejaría la puerta abierta a la presidenta del congreso local, la diputada Carmina Regalado, quien se ubica como la principal opción para relevarlo en la presidencia municipal de Bahía de Banderas.
***
OTRO PERSONAJE que se perfila para competir por una presidencia municipal es Antonio Chávez Herrera, coordinador general de Servicios Públicos de Reynosa, Tamaulipas.
Forma parte del equipo del presidente municipal, Carlos Peña, cuyo grupo busca conservar la plaza y frenar la llegada del proyecto encabezado por la diputada Claudia Hernández, vinculado al senador tabasqueño Adán Augusto López.
***
Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “La política mexicana ha demostrado que entre el divorcio y el presupuesto, siempre gana el presupuesto”.





