Cuando un equipo va ganando, el peligro no suele venir del contrario, sino de sus propias fallas internas. Eso es lo que está viviendo Morena: se mantiene como favorito en la ruta 2027, pero los focos rojos no están en la oposición, están adentro
A días de haber concluido el registro de aspirantes a las 17 gubernaturas en juego por la alianza Morena-PT-PVEM, ya existe un diagnóstico interno sobre lo que viene en el proceso. Y lo que más preocupa no son los números, sino los perfiles.
La cúpula guinda, encabezada por Ariadna Montiel, revisa uno por uno los antecedentes de quienes podrían convertirse en los defensores de la transformación, es decir, sus precandidatos. Y no todos pasan la prueba sin reservas.
En Baja California Sur dan por ganada la gubernatura, pero les inquieta que el puntero, el alcalde de Los Cabos, el petista Christian Agúndez, cargue con sospechas de relaciones insanas que podrían empañar el proceso. Y aún no deciden si lo dejarán llegar a la encuesta final.
En Baja California, Ismael Burgueño, alcalde con licencia de Tijuana, lleva la delantera, pero los problemas de la gobernadora Marina del Pilar Ávila pusieron a la entidad en color ámbar: temen que el desgaste les pase factura.
Aguascalientes preocupa por el dominio panista de la gobernadora Tere Jiménez: la morenista Nora Ruvalcaba ganará la candidatura sin mayor problema, pero la elección formal será otra historia, mucho más cuesta arriba.
En Campeche hay poco qué hacer: la gobernadora Layda Sansores ya tomó el control del proceso y mantiene su respaldo a Pablo Gutiérrez Lazarus, alcalde con licencia del Carmen. Aunque todo puede complicarse si MC logra postular a Eliseo Fernández, quien recuperó sus derechos políticos mediante un amparo.
Querétaro no pinta bien: prevén que el PAN retenga la plaza, pero se la jugarán con Santiago Nieto como mejor apuesta de Morena y José María Tapia, del Verde, como plan B.
San Luis Potosí está perdido para los morenistas, nada qué hacer. Los Verdes van solos con la senadora Ruth González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo.
Sinaloa enciende focos rojos por toda la estela que ha dejado el escándalo del gobernador Rubén Rocha. No saben si a la senadora Imelda Castro, la mejor posicionada, le alcanzará para deslindarse por completo: la marca está muy desprestigiada en la entidad.
En Tlaxcala y Zacatecas, la cúpula ve focos amarillos por los problemas internos que enfrentan las gobernadoras. Será clave el papel de Lorena Cuéllar y David Monreal: están entre apoyar a sus alfiles –Alfonso Sánchez y Verónica Díaz, respectivamente- o procurar piso parejo para quienes van adelante en las encuestas: Ana Lilia Rivera, en Tlaxcala, y Ulises Mejía, en Zacatecas.
En Guerrero también hay señal de alerta. Aunque la candidatura se perfila entre Beatriz Mojica y Esthela Damián, Félix Salgado no se apacigua y empuja la nominación del ex rector de la Universidad de Guerrero, Javier Saldaña.
Nuevo León genera cautela por partida doble: primero, porque hay fuertes contendientes internos –Clara Luz Flores, Tatiana Clouthier, Andrés Mijes y Waldo Fernández-; segundo, porque en la elección formal tendrán que enfrentar al aparato del gobernador Samuel García.
En Colima, Nayarit y Michoacán no ven riesgo en la elección formal, pero sí baterías cuerpo a cuerpo en lo interno. Algo parecido ocurre en Chihuahua, entre Andrea Chávez y Cruz Pérez, con la salvedad de que ahí compiten desde la oposición.
Lo que revela este diagnóstico interno es que el verdadero riesgo para 2027 no está en el PAN, el PRI o MC, sino en los expedientes manchados, los gobernadores desgastados y las facciones que pelean territorio antes de pelear votos.
Y cuando un partido dominante empieza a calcular sus propios riesgos internos con el mismo rigor que calcula al adversario, es porque sabe -aunque no lo diga en público- que el peor enemigo de Morena podría ser Morena.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “El poder no se pierde solo por los adversarios. Se pierde cuando uno mismo se convierte en el problema”.





