En complicidad con boleteras “hechas y derechas”, plataformas como Viagogo inflan precios con tarifas dinámicas y se reparten la taquilla, un negocio que va en detrimento de consumidores y fans
La industria del entretenimiento presume luces, pantallas y euforia; pero detrás del escenario opera un mercado gris que castiga al consumidor: la reventa de boletos.
Experto en festivales y espectáculos, Luis Gerardo Salas retrata el “modus operandi” sin maquillaje: se trata de una práctica ilegal que, aun así, ha sido tolerada por los agentes involucrados —incluidos gobiernos— porque muchos terminan llevándose una rebanada del pastel.
El esquema es tan simple como rentable: empresas boleteras establecen alianzas con plataformas de reventa como Viagogo, a las que “colocan” una porción importante de entradas.
Esas firmas triplican o cuadruplican precios con tarifas dinámicas —que se inflan con la demanda— y al final reparten las ganancias con las boleteras. Negocio redondo: el público paga más, el sistema sonríe.
¿Y por qué se reproduce ese modelo? Porque la distribución de la taquilla empuja a todos a exprimir el margen.
Según Salas, del total de la venta, 90% termina en manos de los artistas, y 10% restante se reparte entre sede y boleteras. Con ese reparto, el incentivo para “optimizar” ingresos se vuelve irresistible: si el concierto es el gran negocio, la reventa es el atajo perfecto.
A esa lectura se suma lo que advierten otros especialistas como Diego Iván González: la venta de discos dejó de ser el motor económico de cantantes, intérpretes y autores.
La mina de oro está en los conciertos y festivales, un mercado global con ingresos anuales que rondan los 40 mil millones de dólares. Y cuando hay tanto dinero en juego, la reventa no es accidente: es consecuencia.
Por eso, aunque se hable de “fraude” y “abusos”, el fenómeno sigue boyante: Ticketmaster, plataformas como StubHub y Viagogo, promotores, recintos y artistas se benefician del sobreprecio.
La novedad es que, por fortuna, empiezan a moverse piezas. El gobierno, clubes de fans y organizaciones civiles parecen haber tomado cartas.
Eli Rojas, integrante de un grupo de fans llamado ARMY Monterrey, impulsó una movilización en redes para “boicotear” la reventa en Viagogo, que promovía presentaciones en México de BTS.
Por su parte, Fiorentina García, del Consejo Consultivo de la Profeco, anunció que presentará una denuncia por el monopolio en la venta de boletos en México, atribuido a Ticketmaster, empresa que comanda Ana María Arroyo.
En paralelo, la Profeco, que dirige Iván Escalante, inició un procedimiento por infracción a la ley contra Ticketmaster y anunció sanciones contra plataformas de reventa como Stubhub y Viagogo, por prácticas abusivas y desleales ligadas a los conciertos de BTS.
Por algo se empieza. Pero no nos engañemos: cuando la industria de espectáculos mueve miles de millones, la trampa no se cae con un comunicado. Y si el sistema vive de inflar precios y vender “experiencias”, el consumidor seguirá siendo el boleto más fácil de revender… hasta que la ley deje de ser backstage y se suba, por fin, al escenario.
***
MUY BUEN SABOR DE BOCA dejó en Palacio Nacional la conversación que sostuvo este jueves la presidenta Claudia Sheinbaum con Donald Trump.
Fue la plática más larga —de 40 minutos— que ha tenido la mandataria con su par estadounidense. Hablaron de prácticamente todos los temas de la agenda bilateral: seguridad, comercio y migración, entre otros.
No hubo tensión ni sobresaltos. Fue una plática amena. El momento que rompió el hielo llegó cuando la Presidenta mexicana saludó y conversó con Melania, esposa de Trump.
Ahí quedó claro que seguirán abiertas las conversaciones sobre el T-MEC y la cooperación en materia de seguridad, pero sin subordinación.
***
Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “BTS encendió la mecha: ahora que no apaguen el tema de la reventa”.





