Con ceremonias ancestrales, símbolos de apertura y un mar de pendientes, arranca su nueva etapa el Poder Judicial, una que promete ser histórica, pero también desafiante en medio de recortes y reformas que limitan su presidencia
La Suprema Corte de Justicia de la Nación cerró un capítulo y abrió otro con un giro histórico: por primera vez será presidida por un representante indígena, Hugo Aguilar Ortiz, quien desde el primer minuto del 1 de septiembre busca imprimirle un sello personal a la institución.
Su mensaje inaugural no se dará en un discurso solemne, sino en símbolos: abrirá nuevamente la monumental puerta de bronce de 3.5 toneladas –cerrada en la gestión de Norma Piña por las constantes protestas– adornada con flores hechas por artesanos de Xochimilco.
Con ese gesto, el oaxaqueño busca mandar una señal de “puertas abiertas” y de reconocimiento a expresiones culturales milenarias.
El día estará cargado de rituales y política. A las 5:00 de la madrugada, chamanes, curanderos y líderes tradicionales realizarán una ceremonia de purificación (limpia) en el recinto judicial.
De forma paralela, en la zona arqueológica de Cuicuilco se consagrarán los bastones de mando que más tarde se entregarán a las y los ministros frente a la sede principal. Y por la tarde, a las 17:30 horas, celebrarán un festival con expresiones artísticas ancestrales.
Pero no todo será espiritualidad: a las 11:00 horas, las y los nuevos ministros asistirán al informe de la presidenta Claudia Sheinbaum; a las 19:30 horas rendirán protesta ante el Senado de la República; y a las 22:00 horas instalarán formalmente la nueva Corte en sesión solemne.
El reto para Aguilar es monumental. Además de los alrededor de 2 mil 700 expedientes en espera, algunos de ellos electorales, fiscales y legales que no pueden posponerse, deberá operar con un poder acotado:
Producto de la reforma, el presidente de la Corte perdió 80% de su influencia, ya que el manejo del dinero quedó en manos del nuevo Órgano de Administración Judicial, integrado por cinco miembros: uno designado por Sheinbaum –su propuesta es Néstor Vargas Solano–, otro por el Senado y tres más por la propia Corte y es aquí donde se prevé un conflicto, porque cada quien quiere un incondicional.
Con eso incluido, la urgencia es evidente: los recortes recientes fueron tan severos que incluso en el comedor de empleados se llegó a racionar la comida a dos tortillas, una sopa, un guisado, un trozo de gelatina y dos servilletas.
Así inicia esta nueva era: con rituales indígenas, símbolos de apertura y una narrativa de renovación, pero también con la carga de miles de casos pendientes, una estructura debilitada y una presión presupuestal que pondrá a prueba la promesa de un Poder Judicial más cercano y justo para el pueblo de México.
Entre flores, bastones de mando y cifras duras, Hugo Aguilar deberá demostrar si la Corte realmente puede renacer o si la transformación quedará sólo en un acto ceremonial. Ya lo dijo la ministra Yasmín Esquivel: “Si los nuevos jueces fallamos, falla la Reforma Judicial”.
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LA RECONFIGURACIÓN DEL PODER JUDICIAL ocurre en medio de historias que exhiben la fragilidad de la justicia frente a intereses políticos y empresariales.
El caso de Evangelina López Guzmán, de 95 años, es un ejemplo brutal: lleva más de una década esperando que se cumpla una sentencia a su favor tras su divorcio con el magnate gasero Miguel Zaragoza Fuentes.
No es un retraso casual, sino el resultado de un entramado de jueces, funcionarios estatales de Jalisco y Chihuahua y abogados cercanos al PAN que, en contubernio, han tejido una red de impunidad del empresario.
El desafío de las y los nuevos ministros es romper con esas complicidades históricas o si, una vez más, la justicia seguirá siendo un bien reservado para unos cuantos.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “El menú del comedor de la Corte: dos tortillas y un trozo de gelatina. ¿La verdadera austeridad republicana?”.





