- La misa fúnebre se celebró en la Plaza de San Pedro, presidida por el cardenal Giovanni Battista Re.
- Más de 220 cardenales y 750 obispos y sacerdotes participaron en la ceremonia.
- Francisco pidió ser enterrado en Santa María la Mayor, en una tumba modesta marcada solo con “Franciscus”.
El papa Francisco fue despedido este sábado en una ceremonia solemne celebrada en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Las exequias conservaron los símbolos tradicionales de los funerales papales, pero también reflejaron el estilo de sencillez que marcó su pontificado.
Inicio de la ceremonia
La liturgia comenzó a las 10:00 horas locales (8:00 GMT) y fue presidida por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio. Concelebraron 220 cardenales y unos 750 entre obispos y sacerdotes, situados en el lado izquierdo de la plaza.
El féretro fue trasladado desde el interior de la Basílica de San Pedro hasta el centro de la Plaza, llevado por los ‘sediarios’. Sobre el ataúd se colocó un libro del Evangelio, simbolizando la importancia de la fe en su vida.

Estructura de la misa
La ceremonia se desarrolló mayoritariamente en latín, aunque algunas partes se realizaron en otros idiomas:
- La primera lectura se proclamó en inglés.
- La segunda lectura se leyó en español.
- La homilía fue pronunciada en italiano por el cardenal Re.
La misa inició con el canto del réquiem y la antífona de entrada:
“Da, Señor, el descanso eterno y brille para él la luz perpetua.”
Tras el kyrie, el cardenal Re elevó una oración pidiendo a Dios que acogiera a su siervo Francisco y le concediera compartir la recompensa eterna de los fieles del Evangelio.

El legado de Francisco
La homilía estuvo dedicada a recordar el legado del papa Francisco. Se destacó su compromiso con los migrantes, su defensa de los más pobres, su esfuerzo por acercar la Iglesia a los fieles, y su firme llamado a proteger el medio ambiente.
En las oraciones de los fieles se rezó especialmente por él:
“Por el difunto papa Francisco, para que el Príncipe de los Pastores lo acoja benignamente en su reino de luz y paz.”
Durante la Consagración, uno de los concelebrantes recordó:
“Acuérdate de nuestro hermano el papa Francisco, que has llamado de esta vida a tu presencia…”
Última encomienda y oraciones finales
Tras la comunión, se llevó a cabo la Última commendatio, confiando el alma de Francisco a la misericordia de Dios. A continuación, se realizaron tres oraciones especiales:
- Una súplica de la Iglesia de Roma, dirigida por el cardenal vicario, junto al ataúd.
- Una oración de las Iglesias orientales, dirigida por un patriarca oriental.
- Una oración de toda la Iglesia, pronunciada por el cardenal decano.
En el responsorio final, el cardenal Re roció el ataúd con agua bendita e incienso, y como gesto de despedida, colocó su mano sobre el féretro, un gesto simbólico que ya había realizado Francisco en el funeral de Benedicto XVI.
Traslado y entierro
Con el canto de la antífona final, el ataúd fue llevado de nuevo al interior de la Basílica de San Pedro para preparar el cortejo fúnebre hacia la Basílica de Santa María la Mayor.
Francisco había solicitado ser enterrado allí, rompiendo con la tradición de ser sepultado en la cripta vaticana. También renunció a la costumbre de usar tres ataúdes (de ciprés, plomo y roble).
Fue depositado directamente en la tierra, en una capilla sencilla. Su tumba está marcada únicamente con su nombre en latín: “Franciscus”.





