Alberto Fujimori, ex presidente de Perú entre 1990 y 2000, falleció a los 86 años y fue despedido con honores de Estado en el Palacio de Gobierno de Lima. La presidenta Dina Boluarte encabezó la ceremonia oficial.
El cortejo fúnebre de Fujimori fue recibido en el Palacio, donde se rindieron los honores correspondientes a un exmandatario. El féretro, cubierto con la bandera peruana, fue trasladado sobre una alfombra roja hasta el patio principal. Allí, el regimiento Húsares del Junín le rindió homenaje con disparos de 21 salvas.
Durante el acto, una banda militar interpretó la marcha de banderas y una marcha fúnebre. Aunque no se pronunciaron discursos, Boluarte y sus ministros ofrecieron sus condolencias a la familia.
Antes de llegar al Palacio, el cuerpo de Fujimori fue trasladado desde el Ministerio de Cultura al Gran Teatro Nacional, donde se celebró una misa de cuerpo presente.

Kenji Fujimori, el hijo menor del ex presidente, dio un discurso en el que destacó el impacto de su padre, llamándolo “el mejor presidente de la historia de Perú” y asegurando que “nunca morirá”. Keiko Fujimori, su hermana y heredera política, afirmó que su padre “curó a Perú” refiriéndose a la lucha contra el terrorismo y la crisis económica.
Para permitir que los seguidores de Fujimori siguieran la ceremonia, se instaló una pantalla gigante frente al Gran Teatro Nacional.
Desde el día siguiente a su fallecimiento, miles de personas acudieron al velorio para rendirle homenaje, llevando flores y fotografías. La presidenta Boluarte también visitó a la familia para dar sus condolencias.
El Gobierno declaró un duelo nacional de tres días, respetando el protocolo oficial establecido durante el mandato de Alejandro Toledo (2001-2006).
El legado de Fujimori sigue dividiendo opiniones en Perú. Mientras sus simpatizantes lo reconocen por derrotar al terrorismo y estabilizar la economía, sus detractores recuerdan los crímenes de lesa humanidad, el autogolpe de 1992 y los casos de corrupción por los que fue condenado.





